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Ni Petro ni Uribe ni Santos



Yo nunca, pero nunca, daría mi voto para presidente por quien alguna vez pensó que la violencia era el camino para lograr cambios -así fuera muy joven, así muchos lo hicieran en ese tiempo, así no hubiera otra opción, así ahora trabaje por la paz (que lo siga haciendo, pero que no aspire a la presidencia)-. No quiero por presidente a alguien que cree que con la violencia se solucionan los problemas: ni guerrilleros ni guerreristas. Que estén en política, que dirijan instituciones, que sean representantes, senadores, ministros (aunque no de defensa -o de guerra-). No voto para presidente por quien ejerció o permitió la violencia contra otros, en vez de buscar otras maneras: diálogo, desobediencia civil, inteligencia táctica, etc. No voto por quien planeó ataques o bombardeos donde podían morir inocentes: ni comandantes de frentes ni generales de ejércitos. Ni siquiera votaría para presidente porque quienes siendo soldados rasos siguieron órdenes de matar a otros. No desconozco que puedan tener muchísimas otras cualidades, incluso alguna que los haga unos excelentes candidatos a presidente, tan solo creo que su alma, su espíritu, su corazón, como quieran llamarlo, ya está corrupto, y así también esté dolido y lastimado y sea también víctima, ya está contaminado de muerte. Quien ha matado -con su propia mano, dando órdenes o participado en planes que incluyan la muerte (o la posibilidad de muerte) de otros- no es apto para proteger la vida de los ciudadanos o para tener el poder de quitarla con una sola palabra. Creo que el que en sus manos o en su consciencia tiene muertos encima o sufre por ello, y no está en condiciones mentales de gobernar, o se le hace ya fácil, cualquier día, ejercer violencia para controlar, combatir, detener y eliminar adversarios o inocentes. No quiero de presidente a alguien para quien la muerte de sus coterráneos puede llegar a ser banal y le dé lo mismo matar a un cabecilla peligroso y despiadado, que a veinte mil combatientes rasos que, posiblemente y en gran porcentaje, fueron forzados a estar ahí, incluyendo a los que un día fueron niños reclutados a la fuerza. No voto para presidente por alguien para quien los pueblos con sus abuelos y niños, o los palacios con sus magistrados y empleados, pueden ser atacados en pro de lo que creen un beneficio mayor. No quiero de presidente a alguien que considere -o haya considerado- la muerte de inocentes como un daño colateral necesario ni a los falsos positivos (crímenes de estado) como una desviación comprensible de una política cuyo éxito sea, precisamente, lograr un mayor número de muertos. No quiero para presidente quien promueva más guerra ni tampoco a quien la incite o la haya incitado al tomar las armas. Puede ser el mejor soldado, puede ser un héroe de guerra o un rebelde que mate a un dictador, para mí ya no es idóneo para ser presidente. Que reciba mil honores, que lo designen en otros cargos, vitalicios, si quieren, que lo condecoren, que le celebren, pero que en su trabajo no decida sobre la vida o la muerte de otros, de todos. Es para mí un requisito -así como lo es que tenga ciertos estudios, cierta edad, ciertos conocimientos, cierta calidad humana- que un presidente no tenga muertos encima, que no haya dejado huérfanos o viudas, que no haya permitido masacres, que no haya causado la muerte del hijo de nadie. Por eso no voto por guerrilleros ni por guerreristas.

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