Yo nunca, pero nunca, daría mi voto para presidente por quien alguna vez pensó que la violencia era el camino para lograr cambios -así fuera muy joven, así muchos lo hicieran en ese tiempo, así no hubiera otra opción, así ahora trabaje por la paz (que lo siga haciendo, pero que no aspire a la presidencia)-. No quiero por presidente a alguien que cree que con la violencia se solucionan los problemas: ni guerrilleros ni guerreristas. Que estén en política, que dirijan instituciones, que sean representantes, senadores, ministros (aunque no de defensa -o de guerra-). No voto para presidente por quien ejerció o permitió la violencia contra otros, en vez de buscar otras maneras: diálogo, desobediencia civil, inteligencia táctica, etc. No voto por quien planeó ataques o bombardeos donde podían morir inocentes: ni comandantes de frentes ni generales de ejércitos. Ni siquiera votaría para presidente porque quienes siendo soldados rasos siguieron órdenes de matar a otros. No desconozco que ...
Para mí tomar partido en diferentes situaciones es, en general, difícil. Aún cuando mi corazón o mi razón tiren más hacia un lado, cuando escucho al otro me entran las dudas y quedo en el medio, algunas veces turbio y muchas veces turbulento. En pocas palabras, sería muy mala jueza. Cuando escucho una versión tiendo a creerla y a compartirla. Pero cuando escucho la otra versión suele, o puede pasarme, que también la crea. Obviamente, esto sucede, si las dos versiones están bien sustentadas -trabajo que hacen a la perfección juristas y abogados-. De hecho intento ser neutral -sé que es cosa casi imposible por las emociones-, y mantenerme equilibrada con la información y sus fuentes para poder ponerme en los pies de unos o de otros. En este caso de quienes van por el SÍ y por el NO en el plebiscito con el que se busca aprobar el acuerdo que el gobierno hizo con las FARC. Este video de @Caro Vás-Pin acabó con el silencio de esta dubitativa e irresoluta mujer, que aún siente pesada la carg...